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Discomanía y algo más (71) El Conjunto Casino y la impronta de las big bands
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En la evolución histórica de la música popular bailable cubana, el formato vocal-instrumental denominado conjunto alcanzó una enorme importancia. El surgimiento en Cuba de los conjuntos coincidió con la Era del Swing en los Estados Unidos. Durante mucho tiempo, se ha considerado en Cuba al conjunto como una ampliación del septeto de sones, formato vocal-instrumental de gran auge en la Isla desde 1920, visto el proceso a partir de la inclusión de más instrumentos. El Conjunto Casino surgió a partir de un sexteto con ocho músicos, pero cuya condición social les permitiría actuar en sitios aristocráticos de recreación. Por eso fue concebido como reducción de las big bands. Ello desmitifica a la ampliación simple del septeto sonero como única causal del nacimiento de los conjuntos. Se trata de un claro ejemplo de interacción, mezcla o fusión entre las manifestaciones musicales foráneas, llegadas principalmente desde los Estados Unidos, y los géneros cubanos diseñados para el baile. El presente episodio argumenta esta tesis.
· Fuentes y archivos:
Textos de Leonardo Acosta, John Child, Bobby Collazo, Cristóbal Díaz Ayala, Alicia Valdés y Gaspar Marrero, así como entrevistas por Don Galaor y René Espí Valero.
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CANTANDO EN CUBANO
2ª TEMPORADA
Episodio 177: Discomanía y algo más (71)
El Conjunto Casino y la impronta de las big bands
PREMIUM
Te saluda Gaspar Marrero.
El capítulo de hoy de DISCOMANÍA Y ALGO MÁS descubrirá las claves del éxito, del triunfo y la consagración del Conjunto Casino y la impronta de las big bands.
Durante mucho tiempo, se ha considerado en Cuba al conjunto como una ampliación del septeto de sones, formato de gran auge en la Isla desde 1920. Dicho proceso se ha descrito a partir de la inclusión de más instrumentos, como el piano y una o dos trompetas adicionales. Sin embargo, uno de aquellos conjuntos resultó de una concepción diferente.
En la evolución histórica de la música popular bailable cubana, el formato vocal-instrumental denominado conjunto alcanzó una enorme importancia. Durante el período entre los años 1940 y 1953, tales agrupaciones protagonizaron lo que se ha dado en llamar La Era de los Conjuntos. Eran grupos compuestos por piano y dos, tres o cuatro trompetas, además de contrabajo, bongó, tumbadora y percusión menor, con tres o cuatro cantantes. El surgimiento en Cuba de los conjuntos coincidió con la Era del Swing cuando lograron fama internacional las grandes bandas o big bands a la manera de Glenn Miller, Benny Goodman o Harry James, entre otras.
El Conjunto Casino, que sería el más afamado y solicitado de su época, no era un sexteto de seis, sino de ocho miembros, jóvenes con posibilidades económicas que se dedicaban a la música los fines de semana por pura afición. Comprendieron que, para actuar en los más aristocráticos sitios de recreación y complacer al público potencial de las clases altas, debían lograr un timbre y un estilo próximos a las big bands, nacidas en Norteamérica y ya conocidas en Cuba. Había que sonar al estilo del swing, con piezas musicales propiamente extranjeras, o introduciendo en su repertorio, con el mismo estilo, sones, guarachas, afros, rumbas y boleros cubanos. Por eso el original Sexteto Casino fue, desde el principio, una reducción de esas grandes orquestas.
Su cantante principal, Juan Fuentes Bolita, se desempeñaba como vendedor en la elegante sastrería La Ciudad de Londres, en la calle habanera de Galiano. Ello le permitía relacionarse con una clientela de las clases media y alta; entre ellos, personas influyentes en el sector del entretenimiento. Y, por su intermedio, el sexteto donde Bolita cantaba consiguió trabajo en el exclusivo Casino Nacional.
Sitios como el Casino Nacional, interesados en atraer clientela distinguida, contrataban reiteradamente grandes orquestas extranjeras. Pero pronto se percataron de los enormes gastos que semejante inversión provocaba, por concepto de traslado, alojamiento y retribuciones para más de quince personas cada vez. Paulatinamente, aquellos empresarios decidieron reemplazar las bandas foráneas con orquestas integradas por músicos cubanos. Ese fue el detonante para la creación de nuestras primeras jazz bands, denominadas así, aunque no siempre ejecutaran jazz propiamente dicho. En cambio, y también poco a poco, las orquestas nuestras comenzaron a cubanizarse y adoptaron géneros como la guaracha, el bolero, el son, la rumba y la conga.
En 1943, el Conjunto Casino desarrollaba una extensa temporada en el cabaret habanero Zombie Club. Entonces sólo los centros nocturnos y las llamadas academias de baile pagaban salarios fijos. Los llamados también nite-clubs, según su categoría, establecían tarifas particulares. Uno de primera, como el cabaret Montmartre, representaba para cada miembro de la orquesta entre seis y diez pesos por jornada. Otro de la misma clase, el Sans Souci, llegó a abonarle dieciséis pesos al pianista y director de charanga Neno González y, a sus músicos, entre ocho y nueve pesos. En cambio, el Kursaal, de segunda categoría, establecía dos pesos y el cabaret Faraón abonaba al director un pago de diez pesos y la mitad para los demás miembros de la orquesta.
La radio, por su parte, garantizaba promoción y posibilidades para grabar. Dedicaba muchos espacios diarios a presentaciones en persona. Las big bands tenían allí mejor retribución, en comparación con las charangas. Según el pianista y compositor cubano Bobby Collazo, durante la década de 1930, la radio presentaba, sobre todo, a sextetos y conjuntos bailables, mientras las big bands se hallaban en los mejores centros nocturnos. Sin embargo, las grandes orquestas no faltaron a los primitivos estudios radiales: varias emisoras se disputaban la presencia de la Orquesta Hermanos Castro, como la CMBZ Radio Salas, CMCD La Voz del Aire, CMQ y El Progreso Cubano, luego reconocida como Radio Progreso.
En cuanto a las grabaciones, los integrantes de las charangas recibían solamente dos pesos por cada lado de un disco. Las bandas cobraban entre cinco y siete pesos por cada cara. El gran Miguelito Valdés recordaba las decenas de discos editados con su voz como vocalista de la Orquesta Casino de la Playa y afirmó: Nos pagaban veinte pesos a cada uno y nunca recibimos el famoso royalty. Pero la publicidad que nos dieron aquellos discos no tenía precio.
En los primeros discos del Sexteto inicial y del ya Conjunto Casino, se aprecian elementos que distinguirán a este grupo de otros de su tiempo: el dúo de trompetas, un tempo muy alante para las guarachas y la influencia directa de las grandes bandas norteamericanas. El trompetista Alberto Armenteros, quien sería director musical de la agrupación durante años, aplicaba desde entonces sus experiencias anteriores. Armenteros aclaró: No fue la Sonora Matancera: fuimos nosotros los que empezamos con dos trompetas. Harry James era mi ídolo por su forma suave de tocar. Entonces, yo me empeñé en darle al Casino un carácter más orquestal. Eso es posible apreciarlo de modo totalmente explícito desde su primera sesión fonográfica. El bolero Canción del alma es la adaptación, a aquel sexteto de ocho, del arreglo hecho para la cantante mexicana María Luisa Landín. La voz de Roberto Espí demuestra ya el propósito de insertar, en un sexteto de sones, la imagen del crooner, presente en las orquestas de la época.
Según las anotaciones de la RCA Victor, el 17 de julio de 1946 fue editado el disco Victor número 531, Serie 23, con el bolero Yo vivo mi vida, del compositor mexicano Federico Baena. Con esta versión, comienza una tendencia muy empleada desde entonces por el Conjunto Casino: la inserción y adaptación de pasajes musicales del repertorio internacional. La introducción reproduce un fragmento, adaptado al tempo del bolero, de la canción Aquarela do Brazil, compuesta por Ary Barroso en 1939 e incluida en la famosa película de dibujos animados Saludos, amigos, de Walt Disney, en 1942.
Esa misma línea orquestal del Casino se advierte también en la canción popular española La vaca lechera, de Fernando García Morcillo, llevada a la guaracha. En el disco Victor 598, editado el 7 de febrero de 1947, se escuchan, casi de modo fiel, las primeras frases de la canción estadounidense Dixie, conocida también bajo el título de Quisiera estar en Dixie, surgida nada menos que en el siglo XIX.
En 1949, Roberto Espí, cantante y director del Conjunto Casino contrata al adelantado orquestador Niño Rivera como arreglista exclusivo. Tal incorporación no fue producto de la casualidad. Los conjuntos necesitaban más y más arreglos, y las big bands cubanas desechaban su inventario de música norteamericana para interpretar los ritmos cubanos. De tal modo, surgió una verdadera escuela de arreglistas que, además de su preparación, estaba al tanto de cuanto se escuchaba y descubrieron que el jazz se hacía más complejo, con armonías mucho más elaboradas.
Fue así como, con armonizaciones mucho más avanzadas, El Niño aventajó a Arsenio Rodríguez. Acerca del impacto de su trabajo en el seno del Casino, el músico y musicólogo cubano Leonardo Acosta explicó: El Niño Rivera estaba modernizando las orquestaciones de conjunto en varios aspectos, y el Casino tuvo que incorporar al trompetista José Gundín El Fiñe para ejecutar ciertos pasajes hasta entonces inconcebibles en los conjuntos. Otro ejemplo de todo esto: Rapsodia húngara número dos, de Franz Liszt, en la introducción de la guaracha Pancho Tabaco, de Agustín Ribot, por el Conjunto Casino.
Mencionemos a pianistas que pasaron, por esos años del 40 y el 50, por el Casino: Roberto Álvarez, con su característico beguine, proporciona la esencia jazzística en sus solos. A su salida en 1951, le sucederá Antonio Ñico Cevedo, otro formidable músico, cuyas ejecuciones acentúan el estilo moderno del conjunto. Ñico Cevedo insertó también fragmentos del repertorio internacional y éxitos cubanos de la época, además de motivos jazzeados en las guarachas.
En el disco 1503 de la Panart, que contiene el mambo Güempa, de Bebo Valdés, grabado en 1952, se escucha Negro de sociedad, de Arturo R. Ojea. Por su parte, en el bolero Yo estoy triste, con la firma de Rey Díaz Calvet, Armenteros, con su trompeta, ejecuta pasajes de Luna azul de Richard Rodgers y Lorenz Hart, y, luego el pianista Ñico Cevedo intercala las notas iniciales del bolero Nocturnal, de José Sabre Marroquín. Disco Panart 1464, 28 de marzo de 1952.
Desde las primeras grabaciones en la Panart, se advierten las ideas del Niño Rivera. El primer disco del conjunto en la firma cubana, el 1193, mayo de 1949, contiene la guaracha Los muchachos de Belén. La impronta del swing se pone de manifiesto aquí de modo claro en el propio texto, cantado por Roberto Faz y una magnífica voz segunda por Espí. El verso final de la primera parte es el modo cubanizado de Hey Ba-ba-rebop, en alusión a la canción homónima grabada en discos Decca, en 1945, por la orquesta del vibrafonista y baterista de jazz, director de orquesta y también cantante Lionel Hampton. Esta pieza musical permaneció en el primer lugar de la lista semanal de la Billboard entre marzo y julio de 1946.
Hacia junio de 1949 quedó en discos Panart una guaracha muy singular, identificada con el título de Con el cristal y se anota al cómico mexicano Germán Valdez Tin Tan como autor. La obra aparece en la película Músico, poeta y loco, de 1947, con el verdadero título: Swing cristal. El propio Tin Tan la interpreta con el respaldo de la Orquesta de su verdadero autor: Luis Arcaraz. Esta es una auténtica guaracha swing, donde los metales se lucen con armonías tomadas de la música norteamericana; todo ello complementado, además, por Cristóbal Dobal y su contrabajo.
Para una agrupación como el Conjunto Casino, con las big bands como punto de referencia, no podía ser más oportuna la avalancha de éxitos del mambo. Pronto lo incluirían en su repertorio: interpretarían desde Qué rico el mambo, grabada en Panart y el ya citado mambo Güempa, hasta el Mambo universitario y el Mambo número cinco ambos recogidos únicamente en tomas radiales CMQ. Al respecto, el trompetista y director musical del Casino, Alberto Armenteros, recordaba: Íbamos a tocar y los músicos de la Orquesta Riverside se situaban por detrás de nosotros para ver cómo tocábamos, porque ellos no concebían cómo un grupo tan pequeño podía tener ese sonido.
El Conjunto Casino es un claro ejemplo de interacción, mezcla o fusión entre las manifestaciones musicales foráneas, llegadas principalmente desde los Estados Unidos, y los géneros cubanos diseñados para el baile. Desmitifica, al mismo tiempo, a la ampliación simple del septeto sonero como única causal del nacimiento de los conjuntos. Esa manera de hacer constituyó la base de su estilo distintivo. Su modelo fue seguido e imitado por decenas de conjuntos contemporáneos e incluso posteriores. Caracteriza una de las tres líneas experimentales seguidas por agrupaciones similares a través de los años, al igual que el Conjunto de Arsenio Rodríguez y la Sonora Matancera. Son estas razones más que suficientes para situar al Conjunto Casino en lugar imprescindible, lamentablemente relegado hoy día, dentro de la historia de la música popular cubana.
Con esto termino por ahora. Si te interesaron estos apuntes, ¡házmelo saber en los comentarios! Haz clic en el enlace situado en la descripción. Es Gaspar Marrero quien se despide hasta el próximo capítulo de DISCOMANÍA Y ALGO MÁS, La música en la prensa. Serie Premium, solamente para suscriptores de… CANTANDO EN CUBANO… ¡No te pierdas el próximo episodio!